foto spa

Todos sabemos lo que es un spa; muchos hemos disfrutado de sus acuíferos beneficios en alguna placentera ocasión. Pero, ¿sabemos dónde nació el spa? ¿Cuándo? ¿Y gracias a quién? Lo cierto es que no parece que exista un origen claro del término spa: unos lo atribuyen al pueblo belga de Spa, conocido por sus baños termales en tiempos de los romanos y célebre sitio de recreo de la aristocracia en los primeros años del s XX; otros afirman que es un acrónimo de la frase latina salus per aquam (salud por agua).

Pero muy pocos conocen la historia de Juan Andrés Nieto Samaniego.

Poco se sabe de este peculiar personaje, más allá de su condición de Doctor en Medicina, primer ayudante de cirugía médica del Ejército y cirujano del regimiento de infantería de línea de Borbón. Ni cuándo nació, ni cuándo murió, ni dónde vivió entre ambas desconocidas fechas. Lo que sí se sabe, y es lo importante, es que en el 3 de mayo de 1800 llegó a lo que hoy se conoce como Font Santa, entonces la Balsa de las Estacas, situada junto a la ermita de San Juan de la Villa de Campos, en la Isla de Mallorca; y que allí descubrió dos cosas: una, la creciente cantidad de enfermos con toda suerte de dolencias que peregrinaban a las aguas de la Balsa para restablecer su salud; y dos, que hasta el momento apenas se habían estudiado científicamente dichas aguas. Durante cinco años, el doctor Nieto Saramago realizó un minucioso análisis de las aguas termales de La Balsa de las Estacas. El olor sulfúrico, su cálida temperatura constante (37º), el color cambiante (que pasaba del blanco salitrado al verde azufre), sus propiedades químicas, su potente mineralización y sus virtudes antisépticas y curativas.

El resultado de sus años de estudio lo componen más de 50 páginas en las que detalla las peculiaridades de las aguas y su correspondiente aplicación para el tratamiento de diversas enfermedades: gas hidrógeno sulfurado para enfermedades cutáneas, pulmonares o de las articulaciones; la virtud antiséptica del gas carbónico para las úlceras; muriato de sosa como purgante o “fundente” de la gordura; así como el poder antirreumático y tónico de sus baños, la eficacia para tratar afecciones pulmonares en forma de vapor, y muchas otras. Eso sí, quedaban descartadas las curaciones milagrosas.

Concluía Nieto Samaniego con una ferviente reclamación: la creación de un establecimiento de baños públicos “indispensables para sacar de aquellas aguas todo el excelso producto que encierran”. Una idea visionaria de lo que años más tarde, en 1845, se convertiría en balneario y hoy es un lujoso hotel y centro de wellness spa, “que cuenta con las únicas aguas termales naturales de Baleares”.

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