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A poco más de una hora de Madrid, a sólo 5 km de Pedraza y a unos metros de la Ermita románica de Las Vegas, entre los pueblos de Torre Val de San Pedro y La Velilla, a los pies de la Sierra de Guadarrama y del río Cega, hace casi un siglo se levantaba una pequeña industria, propiedad de un artesano de nombre Fausto, dedicada a la fabricación de tejas; una industria en aquellos tiempos predominante en esta comarca rebosante de arcilla roja.

Hoy, la vivienda, el horno y el secadero de tejas del viejo Fausto se han rehabilitado para albergar un pequeño hotel de nueve habitaciones y un restaurante con su propio horno de leña para el asado de cordero y cochinillo, conservándose en parte la construcción original de piedra, madera y baldosa castellana, así como el antiguo horno, ubicado bajo el hotel, e incluso la huerta doméstica, que provee de productos naturales al propio restaurante La Tejera de Fausto.

Un extenso jardín y 60.000 metros cuadrados de árboles, viñedos, tomillos y romeros que, fuera ya de la finca, forman un espacio natural que se extiende hasta el Parque Natural de la Sierra de Guadarrama y que sirve de refugio a corzos, buitres, águilas y otras especies de la fauna del lugar.

En estos tiempos de prisas, estrés y asfalto, La Tejera de Fausto está pensada para comer, descansar, disfrutar de la naturaleza, de la historia y de la cultura de los pueblos de la zona (Pedraza, Sepúlveda, Navafría, La Granja de San Ildefonso, Las Hoces del Duratón…); para largos paseos y tardes de chimenea; para que los niños jueguen al aire libre; para magníficas excursiones en piragua, a caballo o en globo; incluso para mantener reuniones o seminarios, si no queda más remedio que trabajar. Y, por supuesto, como manda la temporada, para hacer buen acopio de setas.

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