Hotel Sindhara

 

 

Es un hecho: las aves son más listas que nosotros. En cuanto comienza a bajar el mercurio de los termómetros, a llenarse el gris asfalto de un manto pardo de hojas muertas y a soplar los vientos del norte, ellas levantan el vuelo sin pensárselo y ponen directamente rumbo al cálido y acogedor sur. Allí, entre vírgenes y arenosas playas, interminables y limpias (de gentío y construcción), la vida es mucho más placentera. Allí, bajo la mágica luz gaditana, contemplando las bellas puestas de sol, el tiempo se detiene y la calma lo empapa todo. Allí, mecidos por la relajante brisa del mar, envueltos por el aroma del jazmín y el azahar, uno no puede imaginar ningún lugar en el mundo donde se pueda estar mejor. Sencillamente.

Y justo allí, en ese mágico rincón en el corazón de la Costa de la Luz, en Vejer de la Frontera, es donde Ana y Alejandro han llevado el arte de acoger a su máxima expresión. Arte y gastronomía, surf y tradición, naturaleza virgen y paz absoluta se unen al sol y a la luz y a la brisa para que, en el mismo instante de llegar, no quieras irte nunca más. Cuando sientas eso, es que estás en el paraíso.

Un paraíso con cuerpo de cortijo andaluz, con sus dos patios y su blanco inmaculado, y alma de la India, donde Ana (nacida inglesa) vivió largos años. De allí se trajo el nombre del hotel (Sindhura es el polvo sagrado de color rojizo que se usa en diferentes ceremonias hindúes), el gusto por la tranquilidad y la meditación, y también el curry.

Aquí, en el Hotel Sindhura, todo está pensado para paladear la vida. Sin prisa y sin límite. El trato acogedor y familiar de Ana y Alejandro; una atmósfera relajante e informal que lo invade todo; terrazas en cada habitación con vistas al campo o a las playas vírgenes; maravillosas suites, salón y sala de lectura, piscina… y un exquisito restaurante en el que se disfruta como en ningún sitio de la tradicional cocina andaluza o de su célebre y extensa carta de auténticos currys indios.

Y, claro, el mar; y kilómetros de arenosas playas y bellos acantilados; y los pinares y las ondulantes colinas; y los parques naturales; y los pintorescos pueblecitos blancos; y África; y toda la naturaleza a tu servicio para vivir tu pasión, la que sea: surf, windsurf, buceo, vela… o simplemente pasear.

Ya está aquí el frío. ¿A qué esperas para emigrar al sur?

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